Palabras rebeldes

Una palabra rebelde es aquella que crea un obstáculo en el flujo de la interpretación, un vocablo a la que uno le “coge manía”, que despierta una reacción alérgica personal del intérprete.

Trabalenguas los hay en todos los idiomas, supongo. Como lingüista no puedo imaginarme que en los idiomas que no conozco no exista también el fenómeno. ( ¡Por favor, corríjanme los lectores de este artículo que dispongan de información contraria!) El que un par de palabras coincida de tal forma que se atasquen en la lengua al querer pronunciarlas resulta luego un hecho independiente de que la “maldita” combinación de sílabas sea más o menos larga, sea fortuita y completamente acorde a las reglas de la gramática, o corresponda a una formula ideada aposta - como las del estilo de repetir tres veces seguidas: “ tres tigres trillaban trigo en un trigal”.

La característica propia del trabalenguas consiste en causarle problemas de pronunciación a casi todos aquellos que se topan en su discurso con ese grupo de fonemas. Digamos que el trabalenguas es como un virus, que afecta colectivamente, siempre con los mismos efectos; aunque al igual que ante los virus una minoría de individuos resulte inmune.

Las “palabras rebeldes” están en mi opinión emparentadas con los trabalenguas, pero ofrecen un perfil muy propio como tal fenómeno.

En primer lugar intento una definición sencilla de lo que entiendo bajo palabra rebelde: Es aquella palabra que de manera estructural en la mayor parte de los casos, crea un obstáculo en el flujo de la interpretación; es la palabra a la que uno le “coge manía” como se diría coloquialmente; representa una especie de reacción alérgica personal del intérprete contra un término x.

A todos los demás colegas les puede parecer acaso un término inofensivo, pero cuando nos topamos con una palabra rebelde tenemos que concentrar, para superarlo, proporcionalmente mucha más energía sobre ese obstáculo determinado, que quizás sobre otras partes del discurso aparentemente más técnicas y difíciles.

FENÓMENO PURAMENTE PROFESIONAL

La palabra rebelde se comporta así sólo en el momento de esfuerzo profesional; nos afecta por trabajar al micrófono bajo presión, bien sea presión por la velocidad del discurso u otro tipo de presión que aguantamos en cabina. Intuyo que los locutores de radio y televisión conocen también esas pugnas con palabras específicas.

En nuestro trabajo de interpretación simultánea, algunas palabras rebeldes se resisten a dejarse pronunciar, por razones fonéticas. Al fin y al cabo nuestro trabajo depende también de nuestra velocidad lingual. Igualito que los pianistas y la velocidad de sus dedos.

ENTRE TRABALENGUAS Y REBELDES

En la vida cotidiana hay palabras “inofensivas”; se pronuncian sin tener que pararse mucho en ellas, salvo quizás la idea de que alguna de ellas esté muy trillada o sólo sea plenamente comprensible para los que dominan la jerga técnica en cuestión. Luego al micrófono, no a paso ligero o al trote, pero sí a partir del galope y sobre todo cuando fuerzan nuestra lengua de intérprete a galope tendido, estas palabras revelan un traicionero potencial de trabalenguas. Ejemplo conocido de muchos colegas de cabina española: el pulso ante el micro entre Alemanes” y “Animales”, que nada tiene que ver con un lapso freudiano, sino más bien con la metátesis entre la l y la n provocada por la rapidez forzada al micrófono.

Después de mencionar el lapso freudiano pido por si acaso perdón al confesar que mi palabra rebelde por excelencia, la que en un principio me puso sobre la pista de lo que intento describir, es “solidaridad”. No conozco a ningún colega que tenga problemas con ella, pero a mí pronunciarla me cuesta siempre el doble de concentración: en condiciones de discurso muy rápido, para cuando llego a la tercera sílaba “da” estoy deseando poder terminar la palabra sin que se me trabe la segunda mitad.

Sin embargo hay otros términos, como por ejemplo “comunitarizar” y “comunitarización” (acuñaciones de jerga comunitaria que significan: extraer una competencia política de la esfera de decisión nacional o intergubernamental para someterla al procedimiento de decisión comunitario, o sea de la Comunidad Europea) que a algunos colegas se les traban a menudo mientras que a mí no me crean problema alguno, incluso cuando el orador corre en su discurso.

Por tanto, creo que existe una zona intermedia entre la palabra trabalenguas y la verdaderamente rebelde.

LAS REBELDES CON PERFIL INDIVIDUAL

Las verdaderas rebeldes son aquellas que desarrollan una dinámica propia, individual a cada intérprete.

Entre ellas, por ejemplo, las que sin resistirse ellas mismas a la interpretación, requieren más atención que otras cuando por asociación de ideas distraen y desconcentran. Cada lector podrá imaginarse su pequeña lista personal de palabras o expresiones que descarrían el pensamiento o provocan la risa floja. A veces ese tipo de rebeldes dura sólo el tiempo de una reunión, de una conferencia, .....o años.

Entre colegas adultos puedo confesar que, durante una época, cada vez que escuchaba “leche en polvo” ( término que en un “Comité de Gestión Productos Lácteos” de la Comunidad Europea surge con relativa frecuencia) tenía que amarrarme bien al sillón, por así decirlo, para no desconcentrarme pensando en “el polvo de la leche”. Me consuela al menos saber que a algún que otro colega los “moluscos bivalvos” les sorprenden de forma parecida. (“Freud lässt grüssen”, según la expresión alemana.)

A veces, sin embargo, hay asociaciones de ideas previas que vienen a dificultar la interpretación. Para no pecar de abstracta, permítanme los lectores un ejemplo vivido en cabina hace algunos años, que gracias a Dios no incordió más que una semana. Había vuelto yo de Colombia, muy impresionada por el despliegue de escolta policial para nuestra delegación del Parlamento Europeo y por las alucinantes cifras de secuestros anuales en aquel país; se produce poco después un gran terremoto en tierras colombianas, que se inscribe como tema entre las “Urgencias” parlamentarias ( la prensa escribe todos los días sobre las víctimas del seísmo); viene a Estrasburgo una delegación de familiares de un secuestrado por ETA y me toca a mí la entrevista entre ellos y el Presidente del Parlamento Europeo. El resto ya se puede imaginar. Durante aquella semana tuve que luchar por que los “terremotos”se quedasen tranquilamente en “seísmos” y los “secuestros” no se me escapasen como “terremotos”.

Algo parecido me ocurre todavía con “países” y “partidos”. Cuando el orador habla sólo de “partidos” no pasa nada, pero si le añade el calificativo “partidos políticos” o “ partidos miembros” ya sé que tengo que esforzarme para no caer en la trampa de pronunciar “países”. No deja de asombrarme – por eso deseo compartir experiencias con los colegas que me lean- que por ejemplo un “Oberschenkelknochenbruch” (“fractura del fémur” en alemán) me deje impertérrita, mientras que una palabrita tan habitual y fácil de interpretar como “partidos” se deje achuchar por los vulgares “países”.

LAS REBELDES CAPRICHOSAS

Tengo que agradecerles a varios colegas la observación de que entre las palabras rebeldes existe una subcategoría, la que yo llamo ahora, a falta de otro término, “caprichosa”, porque se muestran reacias sólo a partir de un idioma pasivo determinado. Palabra ganadora tras mi pequeña encuesta: “chantaje” seguida muy de cerca por “soborno”. Pero admito que en esta subcategoría tengo todavía que seguir escuchando .............................

REBELDES CON REMEDIO

Al ser todas estas rebeldes unas “con causa” lo primero para domarlas es reflexionar el origen del rehúso ante el micrófono.

Pero a veces sirve también salir de cabina en el momento más propicio tras sufrir un ataque “rebelde” y darse directamente cabezazos contra la pared.

Más aconsejable resulta la confesión inmediata a los colegas de cabina; suele evitar que la palabra se incruste en la lista de las rebeldes crónicas, y seguro que duele menos.

Bueno, también existen los trucos de pellizcarse a sí mismo nada más oír la palabra ya identificada previamente como “enemiga” o desplegar un aspaviento cual gesto “¡en guardia!”.

Al ser las palabras rebeldes individuales por naturaleza (aunque algunos colegas compartan las mismas) cada uno encontrará su propio remedio. Yo, por lo pronto, ya no he tenido ningún problema con la “solidaridad” desde que me puse a concebir y escribir este artículo.



Elsa Michael Sacristán es intérprete permanente en el Parlamento Europeo.

Recommended citation format:
Elsa-Maria MICHAEL. "Palabras rebeldes". aiic-italia.it September 17, 2003. Accessed August 17, 2019. <http://aiic-italia.it/p/1253>.