Ser actriz y ser intérprete/traductora

Las dos cosas se parecen mucho. En ambos casos se trata de recibir un mensaje en un código, entenderlo, poseerlo y luego transmitirlo. En ambos casos se trata de comunicar.

A mí me gusta comunicar, pero lo que busco es entender. No diré que quiero entender la vida y la muerte porque la frase está harto trillada y no quiere decir mucho. Me basta entender una palabra, una situación, a una persona...tal vez entenderme un poco a mí misma. Eso hacemos los que nos subimos al escenario y los que entramos en una cabina o nos enfrentamos a un texto para traducir.

Diderot, en su "Paradoja del comediante", describe el oficio del actor como uno de los más nobles actos del ser humano, porque consiste en observar a los demás y luego intentar entenderlos para representarlos.

Yo no creo que traducir sea traicionar (traduttore traditore) ni creo que actuar sea fingir. Hay muchos traidores y muchos mentirosos que ni traducen ni se suben al escenario. Actuar es representar. Traducir es transitar de un mundo a otro.

Las emociones en un escenario son, sin duda, indescriptibles: una extraña posibilidad de cambiar el ánimo del público cuando logramos convencerlo de que lo que le estamos contando es verdad. No pasa siempre así. Hay ocasiones en que  navegamos contra corriente y el público no nos quiere acompañar, pero cuando sí va de nuestra mano, cuando acepta lo que contamos y llora, ríe, se enoja o se asusta, el placer es enorme. Efímero, por supuesto.

Traducir es un privilegio. La posibilidad de comprender lo que alguien de otro país y de otra cultura le quiere decir a un tercero. Ser el puente, el trait d'union, el casi indispensable personaje que conecta.

En el escenario fui Madame Curie y me enamoré de Pierre Curie todas las noches durante más de 100 funciones y me dieron el Premio Nobel de física (a mí que en el colegio en Inglaterra tuve excelentes notas, pero reprobé física). Estuve en "Las Relaciones Peligrosas" y fui la Condesa de Volanges; en "El sueño de la razón" era yo la nuera de Goya...y también he sido la mamá de Caperucita Roja. En fin, he recorrido muchos caminos.

No puedo olvidar, sin embargo, la ocasión en que interpreté las palabras del dirigente de un grupo de refugiados guatemaltecos en el estado de Chiapas, México, ante un grupo de diputados norteamericanos, o cuando en Hiroshima trabajé para la International Physicians for the Prevention of Nuclear Weapons, asociación que ganó el premio Nobel de la Paz...¡también ellos!

Todo ello porque disfruto las palabras y la manera de usarlas. Soy una eterna enamorada del discurso y de la emisión del discurso. Edith Evans, actriz inglesa que se consagró con el papel de Lady Bracknell, en "La importancia de llamarse Ernesto", recorría toda una escala musical para decir la famosa frase "A handbag?". Cuando murió, el encabezado de "The Times" fue: "Ha muerto la que dijo ‘A handbag' ..." La voz, la entonación, la intención, las pausas, el ritmo al hablar son esenciales para transmitir el mensaje. Eso lo saben los buenos actores y los buenos intérpretes.

Ser actriz cuando se está en cabina, traducir cuando se sube uno al escenario, pero sobre todo enfrentarse a un código, descifrarlo, entender un poquito mejor la naturaleza humana.



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Cristina DEL CASTILLO. "Ser actriz y ser intérprete/traductora". aiic-italia.it September 5, 2008. Accessed August 24, 2019. <http://aiic-italia.it/p/3034>.